¿Cuántas son las cosas que podríamos conseguir? ¿Cuánto podría cambiar? ¿Cuánto podría quedarse atrás?
En mil días aprendí que hallar explicación a las cosas que duelen es el precio a pagar por disfrutar de todo aquello que es finito y hermoso. Al mismo tiempo, descubrí que para las cosas buenas, las que sorprenden, las que colman de plenitud y te hacen sentir ligero y te levantan unos milímetros del suelo, tengo demasiadas preguntas que todavía hoy permanecen siendo un misterio por resolver.
Mientras tanto, a veces con determinación y otras llenos de dudas e inseguridad; paso a paso, a saltos o a trompicones, a base de experiencia o de golpes, hacemos camino y seguimos adelante, mil y un días después, siempre hacia delante; mil y una noches más tarde, porque junto al camino nunca diremos «no puedo más y aquí me quedo».
No hay comentarios:
Publicar un comentario