miércoles, 8 de marzo de 2017

El esplendor en la hierba

Ansié la llegada del frío porque en él encontré un refugio, me sentí seguro y en otro tiempo fue mi aliado. Pero porque todo pasa, y lo nuestro es pasar, llegó un punto en el que el invierno me sorprendió desamparado y sin abrigo.

Me enseñó su cara más gélida y su contacto más inhumano; nubló mis ojos y entumeció mi cuerpo. Y yo, poco a poco, fui cayendo en sus brazos sin darme apenas cuenta.

Y porque todo pasa y todo queda, lo que quedó entonces —y aún permanece vivo— me empuja a echar la vista —y el recuerdo— atrás para rememorar tiempos pasados donde lucía el sol, el aire era cálido y los días estaban exentos de preocupación. Días y tardes y noches luminosas que desprendían un olor inconfundible e incomparable.

Ahora, mientras intento zafarme del rígido abrazo del invierno, pienso en los campos y los bosques; en las briznas de hierba que se desperezarán con el amanecer de un nuevo día, con las semillas que germinarán en la tierra, con los brotes de las hojas y las flores de los árboles que se desplegarán con la llegada de la primavera.

El mundo adquirirá de nuevo un color y un olor especiales. Volverá a brillar.

Y todo, quizá, pueda ir bien.

Porque, al fin y al cabo, la noche siempre es más oscura justo antes del amanecer.

martes, 7 de marzo de 2017

Nada

Cada vez que esos dos faros azules se paraban durante una fracción de segundo de más en el camino que los conectaba con los míos, sentía como si al mismo tiempo me vaciasen un cubo de agua helada encima, me encontrase al borde de un acantilado y una flecha me traspasase el corazón.

Y en el infinito y a la vez fugaz lapso de tiempo en el que tal encuentro se producía, yo no pensaba en nada. Todo era blanco.

Blanco y luminoso.

Algo que, por otra parte, era lógico. El blanco siempre ha sido sinónimo de pureza, vacuidad, inexistencia.

Porque ese azul es simplemente una ilusión óptica. Un reflejo irreal de algo que no es ni existe.

O tal vez sí.

En donde no hay ni habita nada.

"Porque la muerte es mirar y no verte."

domingo, 5 de marzo de 2017

Un deseo

Durante mucho tiempo contemplé el mundo a simple vista y aprendí a apreciar y valorar lo que ante mis ojos se revelaba como la única y auténtica realidad a mi alcance.

Pero no fue hasta que te conocí y te atreviste —de aquella manera tan inocente y casi casual tuya, pero al mismo tiempo segura y resuelta— a aparecer delante de mis ojos para eclipsar parcialmente esa visión del mundo tan particular que poseía, cuando me percaté de que ya no quería tener que enfrentarme a la realidad como era antes de que aparecieras tú para transformarla.

Y entonces quise hacer de cada instante un recuerdo imborrable que estuviese a salvo de la erosión ejercida por el transcurso del tiempo. Quise grabar a fuego cada segundo que pasase contigo en este hermoso mundo.

Y así, de esa forma tan pura y sencilla, fue como hiciste que me convirtiera en tu fotógrafo favorito.