lunes, 7 de marzo de 2016

365.

«En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]».
Heráclito

Todo cambia, por suerte y por desgracia. Conforme todo a nuestro alrededor se transforma, nosotros lo hacemos también. A veces para mejor; otras para peor, pero siempre de acuerdo a la propia naturaleza del tiempo y de las cosas. No obstante, el cambio es la fuerza impulsora que nos abre las puertas hacia la consecución de nuestros más ansiados sueños.

Cada año es un ciclo que, al concluir, nos enfrenta a nosotros mismos y nos obliga a contemplar todo cuanto tenemos en ese instante: nuestra realidad. Y entonces hacemos balance, e intentamos volver la vista atrás para recordar dónde estábamos la última vez que nos encontramos en esa posición privilegiada.

Es en ese preciso momento, al percatarte de todos los cambios acontecidos desde la última vez, cuando descubres algo que permanece protegido de ese proceso insalvable de metamorfosis del que nada ni nadie puede escapar. A pesar del cambio se mantiene joven en su espíritu y radiante en su corazón. Es diferente, por supuesto, pero en el fondo sigue siendo idéntico al que era antes.

Pocas cosas resultan tan gratificantes como reencontrarse en el camino.

A pesar del cambio.

A pesar de la vida.

Sentir que vuelves a empezar; que retornas al punto cero.

Volver a verte donde te viste, volver a querer lo que quisiste.

Seguir siendo tú mismo.

Volver...



domingo, 28 de febrero de 2016

Give me shelter

Te pido un favor: haz que suene esta canción de aquí, déjala sonar y, después, sigue leyendo.


Vas a leer esto y, al concluir, vas a cerrar los ojos mientras la música se cuela en tus oídos y alcanza hasta el rincón más lejano de tu mente, ese lugar tan maravilloso lleno de ideas y sueños alucinantes donde todo es hermoso y emocionante. Mientras eso ocurre, vas a sentir la lluvia que cae del cielo afuera en la calle, tras los cristales. Vas a oír el repiqueteo de las gotas contra el vidrio y el susurro del viento que las hace bajar desde lo alto. Vas a notar el mullido sofá en el que estás sentado. Vas a rozar con las yemas de los dedos el tacto suave y sedoso de la manta que cubre tu cuerpo. Vas a sentir el calor y la calidez de ese momento. Vas a respirar profundamente, dejando caer la cabeza hacia atrás. Suspirarás.

Y, por encima de todo, sonreirás al descubrirte en un lugar seguro; en un refugio perfecto.

En un refugio donde sólo hay sosiego. Silencio. Paz.

Ahora, cierra los ojos... y déjate llevar.

sábado, 6 de febrero de 2016

Gracias por escuchar

Penumbra, luces tenues, silencio.

Un huracán en la cabeza; frío en las manos y calor en el corazón. Todo es un caos relativo, pero de repente la música empieza a sonar. De la semioscuridad nace una voz acompañada de los acordes de una canción.

Y entonces, buscas apoyo porque te derrites por dentro y por fuera, como una tableta del mejor chocolate del mundo. No lo puedes evitar.

Te acomodas hasta encontrar el mejor rincón, el refugio en el cual quieres quedarte. Te dejas llevar y te limitas a escuchar. A escuchar con los oídos y con el corazón.

Esbozas una sonrisa con los labios. Tus ojos brillan y los notas temblar. Suspiras.

Te abandonas al dulce vaivén de la música y al reconfortante olor de la calma y la paz. El compás se acelera pero tú estás sorprendentemente tranquilo.

La tormenta amaina; ya no hay ruido, el mar está en calma y tú, al fin, dejas de pensar. Todo está en su lugar.

Qué maravilloso es limitarse a estar, sin más. Sin más ni menos.

Limitarse a escuchar, perderse en un momento y un lugar que jamás querrías abandonar.